Una pantalla, nuestra puerta de salida al mundo

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Una pantalla, nuestra puerta de salida al mundo

No escapa a nadie el hecho de que la, ya considerada, primera gran pandemia del siglo XXI, ha cambiado dramáticamente nuestra forma de vida. La necesidad y la urgencia han hecho temblar los cimientos de nuestra cómoda vida pre COVID-19 para ponerla del revés e iniciar abruptamente un sendero virtual del que buena parte de la población renegaba hace apenas unas semanas.

El formato de teletrabajo en prácticamente todos los sectores profesionales ha ido ganando un terreno que estaba únicamente reservado a compañías consideradas innovadoras, conciliadoras, vanguardistas. Los servicios de videoconferencias proliferan para mantenernos conectados, multitud de webinars, plataformas digitales, aplicaciones de envíos a domicilio e información y datos en lo que la Organización Mundial de la Salud ha denominado ”infodemia masiva”.

En estos tiempos de confinamiento, la atención sanitaria virtual también se ha incrementado de manera exponencial. El mencionado organismo internacional acuñó hace tiempo un concepto y una definición que, aún pecando de excesivamente amplia, se ajusta perfectamente al concepto actual: “telemedicina se considera la prestación de servicios de salud –con la distancia como factor determinante- por parte de profesionales sanitarios a través de la utilización de tecnologías de la información y la comunicación (TICs) para el intercambio válido de información en el diagnóstico, el tratamiento, la prevención de enfermedades o lesiones, la investigación, la evaluación y para la formación continuada de profesionales sanitarios, todo ello con el objetivo final de mejorar la salud de los individuos y de las comunidades”.

ATERRIZANDO EL CONCEPTO

La vorágine en la que hemos convertido la sociedad actual, y emergencias como la inesperada guerra desatada por el COVID- 19, demandan innovación y acción inmediata, no solo para poner freno a la pandemia, sino también para dar continuidad a la asistencia médica habitual, optimizar recursos y evitar la sobrecarga en los servicios de salud.

 

Esto es la teoría, pero ¿y la práctica?

La primera duda que aflora es el contrasentido de acudir al médico sin pasar por la consulta tradicional.

Del último estudio de la aseguradora Cigna España se pueden extraer algunas conclusiones:

  • El 65% de los consumidores estarían dispuestos a usar la telemedicina, aunque solo el 8% lo ha hecho hasta ahora.
  • La teleasistencia puede convertirse en una gran herramienta para pacientes crónicos y de edad avanzada en estos momentos de pandemia.
  • El COVID-19 ha disparado el uso de la asistencia médica a distancia en las últimas semanas.

Existen plataformas, como WeDoctor, cuyo lema ‘tu médico a un click’ ejemplifica perfectamente la esencia de la telemedicina. Como rezan sus credenciales, es un servicio innovador pensado para poner en comunicación a pacientes con profesionales sanitarios, desde cualquier parte del mundo.

Con motivo de la alerta sanitaria mundial, y por la extraordinaria facilidad de propagación del coronavirus, el auge de estas consultas virtuales no está exento de muestras de solidaridad, y así, no es difícil ver ofrecimientos de telemedicina con carácter gratuito a los profesionales e instituciones que deseen ofrecer servicios médicos en remoto durante la crisis.

 

A vueltas con la tecnología

Precisamente, entre las muchas ventajas de esta rama de la ciencia se encuentra la inmediatez de respuesta: ya se comercializan los primeros dispositivos a través de los cuales los médicos detectan el coronavirus a distancia. Se trata de herramientas que permiten el seguimiento domiciliario de los pacientes afectados por coronavirus y de personas confinadas en cuarentena, así como la exploración y detección, por los síntomas médicos obtenidos, de posibles casos positivos, evitándose la exposición al contagio del personal médico-sanitario y el desplazamiento de algunos pacientes para contribuir a no saturar los centros de salud.

Si bien son gadgets que ya existían en el ámbito de la telemedicina, se han reconvertido en tiempo récord en auténticos consultorios médicos que permiten al usuario llevar a cabo autoexámenes médicos atendiendo a la sintomatología del COVID-19 sin abandonar el domicilio.

Ritmo cardíaco, medición de temperatura corporal, patrones de respiración, estado de garganta, oídos y boca o lesiones cutáneas, son algunos de los datos que estos aparatos, como el dispositivo israelí TytoCare -no más grande que un teléfono móvil-, envían y con ello permiten al médico recibir con precisión y en tiempo real los signos necesarios para el seguimiento de los pacientes infectados, al tiempo que el propio paciente interactúa con un profesional sanitario.

 

Y DESPUÉS, ¿QUÉ?

En palabras de Steve Jobs: “La innovación distingue a los líderes de los seguidores”. No se equivocaba. El último estudio de la consultora norteamericana Edelman así lo refleja: el negocio de la salud cambiará y evolucionará. La medicina a distancia será prioridad.

Cada vez más, las visitas virtuales serán una pieza central de los planes de los profesionales sanitarios para tratar las enfermedades cotidianas. En un ejercicio de coste-eficacia, la telemedicina permitirá que más personas tengan acceso a servicios sanitarios acompañado de una bajada de costes y reducción de los tiempos de espera, evitando así que patologías no detectadas puedan terminar costando vidas adicionales por falta de una atención rápida.

Según Dr. Julio Mayol, Director Médico del Hospital Clínico San Carlos de Madrid: “Estamos en una transformación profunda de la humanidad, en un proceso de digitalización que lo está cambiando todo. Hoy e está formando a los médicos con modelos del siglo XVIII y XIX y tenemos que cambiarlo para adaptarlo al siglo XXI. El gran reto de formación para el futuro no es dar más conocimiento sino dotar de mayores capacidades humanas para utilizar la tecnología en beneficio de todos”.

 

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