Teletrabajo, ¿cómo de productivo es trabajar en casa?

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Teletrabajo, ¿cómo de productivo es trabajar en casa?

Atendiendo a las recomendaciones del Ministerio de Sanidad ante la expansión del COVID-19, son muchas las empresas que han hecho práctica su responsabilidad social corporativa y han facilitado que sus empleados puedan continuar su trabajo desde casa. Desde la semana pasada, ya son miles de personas las que realizan teletrabajo para evitar posibles contagios y no saturar los servicios sanitarios.

En ACH, conscientes de la responsabilidad que nos ocupa a todos y cada uno de nosotros, nos hemos sumado al teletrabajo para contribuir a frenar la curva.

No obstante, aunque es cierto que es una situación excepcional, el teletrabajo ya era una tendencia en auge en nuestro país. Cada vez son más las personas que, por razones profesionales o personales, eligen el teleworking como estilo de trabajo y, por ende, de vida.

Entendiendo teletrabajo no solo trabajar desde casa. También desde otra ciudad de tu país o en el extranjero, por viajes de trabajo o proyectos personales, e, incluso, desde el apartamento de la playa en las vacaciones de verano, porque: “vaya marrón me acaba de mandar el cliente”.

Entre los motivos de su crecimiento: las tecnologías cada vez más avanzadas, que nos permiten estar igual de conectados y tener casi más contacto que en la oficina con el equipo; el ahorro de costes y suministros para las empresas; las políticas de conciliación, que permiten que padres y madres puedan tener cierta flexibilidad para compaginar su vida profesional y laboral…

Pero, realmente, ¿somos igual de productivos?

VENTAJAS Y DESVENTAJAS

El debate está servido. Los periódicos, la radio y la televisión se llenan estos días de expertos en recursos humanos defensores y detractores de esta modalidad, exponiendo sus argumentos y un sinfín de datos que avalan cada una de sus posturas.

La realidad, como con todo en la vida, es que supone ventajas y desventajas tanto para empresario como para trabajador. Por ello, lo recomendable es que ambas partes establezcan un acuerdo previo que incluya una serie de pautas a cumplir desde el momento en el que el trabajador sustituye – que no ‘abandona’ – su puesto de trabajo.

Entre las principales ventajas, están las más evidentes, como la reducción de costes de energía, teléfono y otros suministros y la facilidad para la conciliación. No obstante, existen otras menos visibles muy importantes para la satisfacción del empleado: el teletrabajo como vía para retener talentos y la percepción de recibir esta opción como privilegio por el reconocimiento profesional.

Asimismo, muchos coinciden en que el teletrabajo ayudar a emplear menos tiempo en actividades poco productivas y distracciones, como las reuniones de tres horas o los descansos infinitos para comentar la última gala de Supervivientes. A pesar de que las ventajas sociales de trabajar en la oficina son muchas, pueden convertirse en un verdadero problema si eres de los que se distrae y se deja persuadir para ir a tomar el tercer café de la mañana fácilmente.

Pero, como todo, el teleworking tiene una cara oculta, sobre todo en el terreno social. Es probable que la sensación de soledad, aislamiento y estancamiento profesional no tarden en llegar. A priori, parece más complicado ascender en la carrera profesional desde casa que desde el puesto de trabajo, en el que se tiene relación directa diaria con los jefes. Además, es probable que pronto eches de menos lo que antes te sacaba de quicio de tu compañero de al lado. Pero, tranquilo, tranquila: WhatsApp y Skype han llegado para facilitarnos la vida. Y, si tu situación de teletrabajo es solo temporal, lo harán todo mucho más fácil.

VENGA, VA, ¡QUÍTATE EL PIJAMA!

Si, aun así, eres de los que prefiere ir a la oficina, te dejamos algunos consejos que hemos recopilado durante estos días, y que nosotros ya estamos poniendo en práctica, para que trabajar desde casa se haga lo más llevadero posible y consigas ser igual de productivo – o más – que desde tu puesto de trabajo.

  • Ajústate a los horarios de la oficina o establece unos horarios diarios de trabajo (que cumplas, ojo). Todo será más fácil si continúas con una rutina más o menos estable. Además, esto te ayudará para no trabajar de más/menos. Haz tus horas y emplea el tiempo de trabajo en trabajar; nada de lavadoras, duchas a destiempo o hacer la comida de mañana.
  • Establece vías de contacto con tus compañeros. Podéis seguir manteniendo esa reunión de estatus de los lunes por Skype, Teams o WhatsApp. Mantén el contacto con ellos todo lo posible y no te olvides de que sigues siendo parte del equipo. 
  • ¡Quítate el pijama! En serio, hazlo. Te dejamos las zapatillas, pero un chándal como mínimo.  No hace falta que saques la americana y la corbata del armario, basta con que trabajes con ropa diferente a la que duermes. Te vendrá bien para diferenciar horarios y actividades. Aunque estés en casa, es importante estar aseado y mantener ciertos hábitos sociales
  • Dedica un espacio al trabajo (si tu casa te lo permite, claro). Si tienes la posibilidad, dedica una habitación o un espacio concreto a la zona de trabajo y, una vez terminada la jornada laboral, apaga el ordenador y cierra la puerta. Si no, tu vida se convertirá en tu trabajo y será imposible desconectar.
  • Evita asaltar la nevera y estar todo el día sentado. La ansiedad de sentirte solo y encerrado en casa puede llevarte a acabar con todo lo que tienes en la nevera. Un problema serio; más, si cabe, en tiempos de coronavirus. Intenta mantener una alimentación equilibrada y una vida lo menos sedentaria posible.
  • Desconecta y respeta los descansos que tenías establecidos. En la hora de la comida, por ejemplo, puedes volver a ver Los Simpson, retomar el libro que antes leías en el metro o ponerte al día con Netflix. Lo que sea, pero es importante que salgas un rato del ordenador.

En definitiva, la productividad, como en la oficina, la montaña o el apartamento de la playa, depende de la implicación y la actitud de cada persona, de cada trabajador. Es cierto que las circunstancias sociales – como las que nos está tocando vivir – en muchas ocasiones condicionan que nos acostumbremos con más o menos dificultades, pero solo tú puedes determinar cómo quieres trabajar, cómo quieres que te valoren y cómo de satisfactorio va a ser tu rendimiento personal. Por tu parte: trabajo y dedicación. Por parte de la empresa: confianza ciega.

Así frenaremos la curva.

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